Por la metafora el lenguaje produce un cuerpo, crea un cuerpo otro que no es el de la biología o el del instinto.
Si en la lengua árabe más culta se dice «quitar el agua del cuerpo» cuando se llora o cuando se habla buscando desahogarse, esa metáfora muestra un cuerpo recipiente que necesita la boca para hablar, los ojos para verter ese agua que acompaña al llanto, no menos que la nariz y la boca y el cuerpo todo en el sudor si cabe, cuando se desahoga.
En el castellano ese movimiento aparece tan encriptado como olvidado en el verbo desahogarse, el des-ahogarse.
Esta propuesta acerca de la metáfora no es estricta en relación a las propuestas de Jacques Lacan o de Sigmund Freud, pero suena. Suena en esas zonas donde el lenguaje y el cuerpo se con-forman, donde las resonancias producen vibraciones o sueños, esas manifestaciones que emocionan y que sin lugar a dudas nos despiertan al hecho de que la vida está en otra parte, algo que suele darse a conocer a través de padecimientos muy especiales que no entran fácilmente en la comprensión o el entendimiento pero que hablan.


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