Mi posición es más la de conciliar conceptos -me refiero al trabajo de diversos psicoanalistas que escriben- conceptos que parecen enfrentarse pero que hacen más ancha y amplia la red del psicoanálisis, mi posición es más la de descubrir conciliaciones entre esas propuestas, que la de enfrentarlas. Amplía la red que se ofrece, la que se produce. Después de todo, todos trabajan contando con lo que una vez Freud llamó el inconsciente.
Considero a la falta como una forma mayor de la inteligencia.
La teoría cerrada sobre sí misma es cierre, clausura, y el inconsciente juega, propone sintomáticamente, descompleta y presenta la diversidad que huye de ese afán de una teoría sin falla. La ciencia sabe que mañana va a sostener una fórmula distinta a la que hoy parece ser la última palabra.
Las más de las veces un profesional de la salud mental se mueve con un escaso margen dentro de las coordenadas de lo establecido por dispositivos y protocolos de salud, justicia, etc. Ante la dificultad, la ética se pone en juego en dispositivos que parecen tornar imposible gestar un espacio-tiempo en el cual pueda articularse una demanda por parte del sujeto en cuestión.
La sesión analítica, su escena es la procuración de un espacio-tiempo, un proceso que se produce por la sesión entre las sesiones, un espaciamiento. El Otro está invitado a la mesa, por procuración.
Un espaciamiento. Una verdad que no hay sino por una diseminación. Una diseminación que no puede leerse sino por el proceso de otra diseminación.
Si bien estos conceptos refieren a campos conceptuales, el psicoanálisis no puede adelantar lo que solo puede producirse por el recorrido de un análisis. Se trata de abrir paso a un saber no sabido (Lacan), a un sabido no pensado (Bollas), que no ha encontrado el camino de su propia voz, de su propio objeto, de su invocación (Didier-Weill).

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